Escribo mientras me fumo el último Cigarro, de aquí en adelante no volveré a fumar.
Cigarro me acompañaste en momentos de tensión, de nervios y ansiedad, pero no eras buena compañía.
Mientras mi cuerpo luchaba contra los pensamientos intrusivos tu destruias mi cuerpo y aún más mis pulmones.
Fuiste la conexión para momentos donde quería huir y me alejaba a fumar, pero aprendí a manejar esos estados mentales.
Llegó Claudio a mi vida y me mostró muchos videos de campañas anti tabaco, me di cuenta que no quiero terminar con un aparato que me ayude a respirar o con un hoyo en la garganta.
Tampoco quiero afectar a otras personas con tu residuo.
Fuiste bueno, pero me hacías mal.
Te abrazo, eres el último Cigarro y te dejo ir.
Ya no tengo que lavarme los dientes cada vez que fumo y lavarme las manos por qué tú olor espanta a la gente.
Fuiste bueno, pero me estabas matando.
Está es la última quemada que pego, te abrazo, te dejo ir y me empiezo a querer y valorar.
Gracias Claudio por enseñarme lo que no pudiste enseñarle a tu mamá que murió por el cigarro.